Un año más, ¿o uno menos? Otro que dejamos atrás junto con las experiencias y recuerdos que nos hacen ser quienes somos. Ciudadanos del mundo, personas que sienten y padecen, al menos en su mayoría. Seres humanos, lo cual no siempre implica humanidad, ya sea por la basura en la que vivimos sumergidos o porque ni nosotros mismos ponemos el esfuerzo en salir de ella. Sin embargo, mucho antes ya hubo crisis, guerras, hambre, injusticias, desastres naturales, corrupción, desengaños amorosos, dolor, sufrimiento. Quizá lo que ha cambiado no es el mundo, sino nosotros, nuestra tolerancia al sufrimiento.
Es curioso mirar hacia el pasado, echar un vistazo por la mirilla del baúl de los recuerdos y suspirar con una mezcla de nostalgia y tristeza al ver a las personas que hoy ya no nos acompañan. Pero no todo es nostalgia. También se asoma una pequeña sonrisa al recordar los buenos momentos y, sobretodo, aquellos que compartiste con personas que hoy siguen a tu lado. Aquella temporada en la que estabas tan perdido, sin saber qué dirección tomar ni lo que te depararía el futuro, pensabas que no habría nada en el mundo que pudiera ayudarte a salir de esa situación. Perder el control de tus pasos y caminar sin rumbo por un camino lleno de obstáculos y amenazas que ahora tan solo son pruebas superadas que te han fortalecido. Tirar la toalla una y otra vez, desistir y, aún así, seguir caminando porque alguien te dijo que no te rindieras tan fácilmente, que tú podías dar mucho más de ti.
Poco a poco va pasando el tiempo, cambia el mundo pero también cambian los ojos con los que miramos ese mundo. Ya no eres el niño que se refugia en los sueños y huye de la realidad. Ahora has aprendido a soñar despierto y a convertir esos sueños de Peter Pan en una realidad, tu realidad, construída con las decisiones que has tomado.
No dejemos de soñar, que no nos quiten las alas. Que cada día al despertarte pienses en las veintucuatro horas que tienes por delante y no haya otra cosa que más quieras hacer en el mundo que vivirlas. Recupera la ilusión. No marques tus decisiones de hipotéticos supuestos porque, al fin y al cabo, probablemente solo tengamos esta vida para poder arrepentirnos. Es triste malgastarla autocompadeciéndonos por las desgracias que nos ocurren. Nadie nos va a venir a salvar de nuestras lacras y, si viene, inevitablemente le arrastraremos a ellas.
No hay nadie que lo sepa todo sobre la vida, ni filósofos, ni científicos, ni un Dios supremo, ni si quiera nuestros padres. La percepción y la forma de vivirla es mera subjetividad, no hay un camino establecido que nos señale dónde pisar para no equivocarnos, ser felices y tener un modelo de vida ejemplar. Tampoco por tenerlo seremos necesariamente felices. No obstante, haya o no un truco para ser feliz, solo puedo decir con certeza lo siguiente. De todos los lugares que he visitado, de todas las personas a las que he conocido, de todas las experiencias que he vivido y de todos los consejos que me han enseñado en la escuela de la vida, la única fórmula secreta que nos hace sentirnos bien es la sonrisa. La sonrisa verdadera, la que te alegra el corazón, es la mejor medicina social. Si tú sonríes, quien te quiere sonreirá.
Haz que los años que dejas atrás cuenten para más, y no para menos.