martes, 20 de diciembre de 2016

La cosa va de piedras



Si no aprendimos del error, es porque quizás no hubo ningún error.
Dicen que el ser humano es el único que tropieza dos veces sobre la misma piedra. Puede que lo haga para comprobar si la primera piedra estaba puesta de casualidad en el camino o si, de lo contrario, fue a buscarla para tropezar con ella.
Lo cierto es que hay veces que buscamos esa piedra. Ese pedacito de esperanza que nos haga sentirnos algo más valiosos, con una dirección firme hacia la que navegar. Hay piedras sobre las que merece la pena caerse, una y otra vez, porque parece que dan un nuevo sentido a nuestra vida. Pero lo cierto es que solo nos frenan, sin dejarnos avanzar.
Y luego están esas piedras. Pedruscos más bien. Aquellos que nos dejan huella para la posteridad. Son pocos los que aparecen por el camino, pero una vez que lo hacen, parece que permanecen ahí toda la vida.
No siempre se aprende de cada piedra con la que nos topamos. Cada una de ellas nos aporta algo, por muy diminuto que sea, y se queda con nosotros para siempre. Pero no necesariamente aprendemos de ellas para no volver a toparnos. De lo contrario, no viviríamos. Al menos no plenamente.
Las piedras están para que nos crucemos con ellas. Para bien o para mal. No se puede vivir esquivando la vida.
 

lunes, 12 de diciembre de 2016

Pregunta al que lo lea



No sé si a alguien más le pasa. Pero cada vez que estoy más cerca de alcanzar todo aquello que se supone que deberíamos conseguir en la vida, más lejos estoy de conseguir lo que realmente quiero. Ser feliz.

martes, 14 de junio de 2016

Eslabón perdido



Si bien en sus tiempos se hablaba de la desnaturalización del arte, hoy bien podría hablarse de la desnaturalización del ser. Tarde o temprano, si uno quiere formar parte mínima de esta sociedad, es solo cuestión de tiempo que al incorporarse en su mecanismo se acabe siendo un eslabón más de la cadena. Un eslabón que a cada paso que consigue avanzar, el siguiente le empuja dos hacia atrás. ¿A dónde vas? No te salgas de tu cuadrado. No vaya a ser que acabes siendo un eslabón perdido.
No, es mucho mejor ser un eslabón desnaturalizado.
Y con ello, desde el momento en el que decidimos, o más bien nos llevan a decidir incorporarnos a este mecanismo inventado, nos van amputando pequeñas partes de lo que nos diferenciaba del resto de los animales. Raciocinio, compasión, humildad. ¿Qué es eso?
Pero no hay que montar un drama. Hay que ser prácticos y asumir lo que nos viene dado y, dentro de esta resignación, ser todo lo libres que nos dejen ser y confiar en que, mientras tanto, siempre habrá una minoría que se desviva día a día por intentar que las cosas cambien. Hay quien lo llama pasión, otros lo llaman ganarse la vida. En cualquier caso es bonito encontrar, muy de vez en cuando, a ese eslabón perdido que le ponga la chispa que enciende esperanza donde era imposible encontrarla.  Alguien que brille con luz propia, y no necesite alimentarse de la de los demás.