sábado, 26 de mayo de 2012

Diciembre


Las calles de Madrid se la llevaron para siempre. Jamás volvió a ver a aquella singular mujer que era todas las cosas del mundo. Tras ese invierno quedó atrás una ciudad maltrecha, asfixiada de aceras carcomidas por el desfile de los pasos atropellados del gentío, hastiados por la continuidad del día a día. Ese diciembre que pasaba lento y aplastaba los relojes con su propia carga lo pasó consumiendo un cigarro tras otro, esperando que así lo hicieran los minutos que giraban dentro de aquellos singulares relojes de Dalí. Esperaba que la ciudad le enviara alguna señal de dónde se encontraba aquella mujer que le había robado el alma, pero Madrid siguió latiendo a su habituado frenético compás, marcando el ritmo de la vida, a golpe de frío y lluvia. Su hipnótica melodía le embaucó y se hizo acorde del pentagrama que transformaba el tiempo. Tic, tac. Lo ocurrido recientemente se atisbaba en el recuerdo como un lienzo desdibujado, y lo acontecido tiempo atrás resurgía del corazón con su más urente astilla.

La primera vez que la vio, pensó que no había nada en el mundo por lo que no luchar si se trataba de rozar su piel. Habría colmado en esa caricia toda su razón de ser.  

-Te he visto como jamás nadie lo ha hecho. Ahora sé quién eres.
-¿Quién soy?
-No soy quién para decirlo.
-Yo no lo sé. Tú me has visto como nadie nunca lo hará. Dime quién soy.
-Eres todos los elementos de este mundo.
-¿Y cómo me has visto?
-Desnuda. He recorrido cada lunar, cada poro, cada rincón escondido de tu cuerpo. He visto a una mujer libre, libre de juicios, libre hasta de sí misma. Desnuda risueña, desnuda pícara, desnuda ella, desnuda de pesares, de complejos y miedos, liberada. He sentido quién eres realmente y no quien pretendes ser ahí fuera. Ahora sé que estás en todas las mujeres que he visto, en todas las noches de Madrid, en cada cigarro, en cada estación, en cada despedida. Durante un efímero segundo, he visto cada una de las partes de tu ser divididas en el mundo y, ahora sé, que en ti están todas ellas.

Madrid se la llevó para siempre y, con el tiempo, dejó de buscarla . Se acabó conformando con verla, aunque fuera durante un mísero segundo, en los pasos sobre las aceras, en las miradas de hastío, en los relojes deformados, en cada gota de lluvia, en cada diciembre, porque esa mujer era todas las cosas de este mundo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Vacío


Señores ciudadanos, estamos vacíos. Profundamente huecos. Como dos vasos que se llenan de promesas vacías colmamos nuestros ojos con la visión deteriorada de que en los viejos tiempos todo iba mejor. Desgastamos las palabras que ayer significaban algo más que una noche en una cama ajena, sin besos después del sexo y el desayuno en la cama. Como un marcapasos, bombeando las aceras de la metrópoli a golpe de pasos mecánicos y mesurables, guiados por electrodos, moviendo el corazón de una ciudad que olvidó latir. Insípidos e inexpresivos, expertos en el arte de hablar de todo y no decirnos nada, se pierde la esencia que un día eclosionó la vida. Será que el "nosotros" deja de cobrar sentido cuando va seguido de imperativo. Será que la esperanza no basta con darle cuerda y echar a andar. Quizás, tan solo quizás, el dicho de "ojo por ojo" nos acabó volviendo ciegos y ahora, mientras las promesas realizadas se nos escapan de entre los dedos, dime Dios, si es que existes, ¿quién es el otro que nos va a salvar? No, no hay ningún otro. Una vez más, nos vemos acorralados en este vaivén de autómatas, de hombres de hojalata bajo efectos del Prozac. ¿A esto se le llama vida? Ya no sabemos lo que es sentir, decoramos nuestro semblante con sonrisas inexpresivas y un licor al cuarenta por ciento en cubatas de botellón. Miramos hacia el exterior desde una mirada acostumbrada a verlo todo, hasta tal punto que ya nada nos sorprende, banderas contra granadas en Tierra Santa desde nuestros sofás y locales de alterne.  Que da igual si un te quiero es para el marido o el vecino, te prometo hasta la Luna para acostarme contigo, si total, al día siguiente saldrá el Sol y me habré ido. Enfermamos con cualquiera las caricias que un día dedicamos a alguien especial. Nos subimos al barco que nos lleva hacia el atajo, aún sabiendo que así acabaremos hundidos, con la memoria de un pez que vuelve a morder el mismo anzuelo, una y otra vez. Y así, con esa mediocridad y autoconvencimiento, nos creemos las promesas previas a un orgasmo con las que se escriben los periódicos. Lo natural se cambia por lo normal, lo común y lo aceptado, enmarcando ideologías bajo un escaparate de maniquíes macilentos. El aire que nos rodea se acaba intoxicando de mentiras. Mentiras que derivan en un vertedero de hipócritas sin corazón que nos ven desde su bolita de cristal. Desde fuera, se ríen de nosotros, haciéndonos partícipes de un mundo en el que apenas decidimos, que se acaba yendo al traste, dejando pasar oportunidades que, aunque no las escojamos, nos hacen ser lo que hoy somos. Menos que antes, más de lo que llegaremos a ser. 
Atentamente: Una ciudadana vacía.


sábado, 5 de mayo de 2012

Sobredosis

Sangre. Eso es lo que te hace falta. Sangre en las venas. Grita, tiembla, muere, revive, arráncame la ropa a mordiscos. Soy la abogada del diablo que escondes bajo tu miserable calma. Ha llegado el momento en el que todos tus sentidos vuelvan a nacer. No te detengas ni un segundo, no repares en las secuelas, tan solo sé. Sé la llama de la vela que apagaste de un soplido, sé las veces que dijiste "quiero y no puedo", sé las ganas de morirte y tus intentos de suicidio, sé mis ganas de decirte que hoy te quiero. Coge tu ropa y haz las maletas, próximo destino al infinito, alto en la parada Puedo y lo he Hecho. Hoy has renacido y han sido tus ganas de comerte el mundo lo que hacen que hoy estemos aquí, sentados en el borde de un precipicio con la adrenalina en las venas y la libido en nuestros corazones. Fuego. Eso es lo que son tus sueños y ceniza los miedos. Droga, hemoglobina, insulina en vez de oxígeno, éxtasis que entra en los pulmones. Menos poesía y novela, más vida entre los renglones. No bloquees tus impulsos, no controles lo que eres, no te busques, créate. Desgárrate la piel y haz que sangren colores. Haz de las horas minutos y de los minutos jirones. No escatimes ni un segundo, no inviertas más silencios en lamentos, desgasta tu saliba en otros labios. Chilla hasta renunciar a tus latidos, corre hasta que tus piernas se transformen en alas, vive hasta que mueran tus sentidos. No tomes decisiones, sístole y diástole, no hay más. Emociones escondidas bajo la almohada hoy rebrotan entre las pupilas dilatadas de tantos llantos sin lágrimas. Desata los lazos, rompe tus reglas, coge tu bondad y apárcala en la niñez. Es hora de crecer. Hagamos una historia de tus ganas de morir y las mías de vivir, compremos mil estrellas para encender los corazones de aquellos que vivieron muertos, construyamos un lugar para los que murieron vivos. Sangra de rabia, ansia, dicha, vida. Fumémonos el tiempo que nos queda.


viernes, 4 de mayo de 2012

Quédate



Hace tiempo que nadie pasaba por aquí. Perdona el olor a cerrado y el polvo acumulado entre los resquicios del pasado, hoy no esperaba visita, y menos tan temprano. Dicen que nunca es tarde para soñar, pero últimamente a mis sueños les faltaban las alas y arañaban el parqué. No tengas miedo, entra y disfruta de la penumbra de mi soledad. Puede que las puertas aún chirríen un poco, hace mucho que nadie las franquea. He abierto las ventanas después de varios años y he ventilado las ilusiones del ayer por si decides quedarte más tiempo. Encontrarás las llaves de la puerta debajo del felpudo y el desayuno recién hecho sobre la cama. He encendido la cafetera para que endulces el café a tu gusto, como solías hacer conmigo. Puedes subir las persianas y dejar que la luz ilumine las arrugas tejidas por el tiempo, los errores que quedaron atrás y las promesas que continúan pendientes. No te sorprendas si me notas algo ofuscado por el paso de los años, han sido tantas idas y venidas, reencuentros y despedidas que se desbarajustan las noches sin saber si hacer cena para dos o ahorrar en cubertería. Puede que encuentres grietas en los cimientos de mi cordura, algunos pesares timbran secuelas, pero una capa de pintura bastará para acallarlas. Perdona el desorden, no tuve tiempo de pasar la aspiradora y entre el polvo y la vergüenza no pude más que esconderlas bajo la alfombra. No te entristezcas, deja que el perchero sostenga el abrigo y el recelo y acomódate en el sofá, como si estuvieras en tu casa, sin prisa, a tu ritmo. Siente el calor de la chimenea mientras cae la lluvia que nos roba el mes de abril. Olvidé encender los radiadores, espero que no te importe si el calor corre de tu cuenta, aunque de eso si quieres también me encargo yo. Si lo prefieres date un baño, puedes dejar la factura del agua junto con tu cepillo de dientes. Hay sábanas limpias sobre la cama por si decides quedarte a dormir. Puedes cambiarlas, tirarlas o deslucirlas, aún más si es conmigo. Tienes varios libros sobre la mesilla por si decides escaparte ante cualquier quiebro en general, un paquete de Kleenex por si necesitas llorar y un chándal por si te consuela más correr detrás del tiempo que hemos perdido. He dejado un armario vacío para que guardes tus recuerdos y ginebra en la nevera por si prefieres olvidarlos. Tranquila, seguramente eches de menos tu antigua vida y decidas volver pronto, lo comprenderé. Mientras te acomodas te muestro todas mis cartas, te ofrezco un presupuesto indefinido, sin letra pequeña, en alquiler de mis minutos y en venta de mi decencia. Mi puerta estará siempre abierta.