sábado, 21 de febrero de 2015

Little things in life



A veces el mejor momento del día puede ser tomarse un café junto al fuego y el olor a la leña prendiéndose, emocionarse como un niño cuando consigues ver las auroras boreales, tumbarse en cualquier lugar insospechado con tal de dormir más de dos horas, bañarse en el océano Ártico en pleno invierno o que la vida te de un vuelco con solo una mirada.


Aún quedan cosas reales ahí fuera. No hace falta buscarlas, simplemente hay que mirar con los ojos bien abiertos y estar atento porque, cuando menos lo esperas, aparecen y se quedan contigo para siempre. Quizá es algo insignificante y efímero, pero llega para quedarse sin que apenas hayas dado permiso a que entre. Tan auténtico que parece inalcanzable, sin saber si estás soñando o viendo la vida pasar en diapositivas, pero está ahí, delante de ti, y en ese momento te sientes una pequeña mota de polvo en el Universo. Cuando encuentras algo auténtico es que ha llegado para quedarse. Pero lo más acojonante de todo esto es que, cuando llega ese momento, ni siquiera te das cuenta. Es tan solo un segundo, dos como mucho, pero es tiempo suficiente para sentir que algo te ha cambiado por dentro. Es incomprensible, lo sé, pero en el fondo está al alcance de todos y solo depende de uno mismo. Cuando se pierde el miedo a la soledad y dejamos de autodestruirnos porque al fin comprendemos que la mejor y única compañía que nos queda es la de uno mismo, es posible apreciar la magia que se esconde en cada momento. Es cerrar los ojos y no necesitar nada más que el aire, sentir como el viento te congela las pestañas y respirar. 


If something doesn’t go right, go left.