sábado, 14 de septiembre de 2013

Kamikaze

Yo, inconexa, incompleta, con todos los "in-" que preceden a lo coherente, marco mi controversia con varias reflexiones que no profundizan más allá de un charco, más allá de un día propio de resaca.
Mi cuerpo es lo único con lo que voy a pasar el resto de mi vida y yo, siguiendo la línea de mi incongruencia, me concedo vicios que no le concedería ni a mi peor enemigo. 
Yo, que me cuesta tan poco darle la razón a los demás y en cambio me contradigo constantemente a mí misma. 
Yo, que ni he escrito un libro, ni he plantado un árbol ni he tenido un hijo, critico y juzgo las acciones de los demás sentada desde mi zona de confort, una pantalla y una silla. 
Yo, que nunca quise ser piloto, desafío las leyes de la gravedad y me tiro desde un puente para ver si aprendo a planear sobre el asfalto, calculo múltiples maniobras de aterrizaje y, finalmente, caigo de golpe. Día tras día, no dejo de tirarme, porque me encanta sentir la adrenalina en mis venas justo antes de darme de bruces contra el suelo pero, sobretodo, lamentarme, autocompadecerme. A veces pienso que todo sería más fácil si aprendiese a caer con una sonrisa en lugar de vivir con miedo planeando a ras del suelo. 
Yo, que desde por la mañana maltrato a mi cuerpo y a mi mente con un extra de cafeína y un par de cucharadas de pensamientos autodestructivos, aconsejo, apoyo, miento con palabras de consuelo.
Yo, que me pongo tacones para caminar fuerte sobre la vida, hago ruido para que nadie oiga mis inseguridades, aun sabiendo que lo que importa no son los zapatos, sino sobre lo que se está caminando. 
Yo, que nunca quise los buenos modales de Leonor, ni las piernas de Cameron Diaz, ni los pechos de Pamela o los maridos de Jennifer Aniston, ya bastante tengo con saber quién es Raquel. 
Yo, que jamás busqué un príncipe azul que me cantara bajo la ventana, ni poemas escondidos debajo de la almohada o viajes románticos a París, prefiero los viajes en moto y los besos que se dan debajo de un escenario. 
Yo, que aprendí a sumar y a restar, a veces pierdo la cuenta de los errores que he cometido o las mentiras que he contado, mientras critico la hipocresía de los demás. 
Yo, yo y yo, que solo pienso en mí y tan poquito en los demás, soy un kamikaze.

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