sábado, 15 de marzo de 2014

Anclas

Somos anclas. A veces nos hundimos por nuestro propio peso. Por el peso del paso del tiempo que llevamos arrastrando nuestras lacras. Y éstas, cada vez, pesan más.

Levar el ancla es impensable cuando a uno se le ha olvidado nadar. Será que la esperanza se quedó en tierra y solo nos queda hundirnos en el mar, aferrarnos a la oscuridad.

Quizá algún día este ancla aprenda a flotar. Tal vez fue diseñada para permanecer ajena al mundo, a la deriva, observando los barcos que vienen y van. Como un vendaval, sin luchar contra viento y marea. Dejándoles ganar. Anclas perdidas en pos de una libertad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario