- Yo creo que en el fondo cada día todos somos diferentes.
- Mentira. Yo soy igual de gilipollas todos los días.
- Creo que me estoy enamorando profundamente de ti.
- Sí, claro, yo también.
Así que fingieron lo que no había y se casaron,
él le regalaría rosas,
ella le haría el desayuno por las mañanas.
Comprarían una casa con jardín y porche,
harían el amor dos veces por semana,
y del "fueron felices y comieron perdices"
quedarían solo las perdices,
la hipoteca de una casa
y la de toda la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario