viernes, 20 de junio de 2014

Friends forever

Amistad.
(Del lat. *amicĭtas, -ātis, por amicitĭa, amistad).
f. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.


Y ya está, según la RAE esto es la amistad. Yo no sé, quizá es que me complico demasiado y me encanta sacarle punta a todo, pero para mí, desde luego, la amistad va más allá de enviar una solicitud al Facebook y ale, “friends forever”. La amistad, además de desinterés y afecto, implica tiempo. Ni los gustos en común, ni las palabras bonitas, ni los regalos, ni los abrazos. El tiempo es lo que marca el valor de una amistad, la única herramienta de medida para algo tan abstracto. La amistad no se puede medir por intensidad, no es un noviazgo esporádico ni un sentimiento fugaz. La amistad se cocina a fuego lento, sin prisas, con paciencia, tolerancia y reciprocidad, porque no se puede tirar de una cuerda que no está atada a nada. La amistad es el presente construido con las experiencias vividas, pero no se puede basar solo en el pasado. Hoy en día hay muy poquito de eso y demasiados “amigos”, así, entre comillas. Lo cierto es que vivimos en una sociedad en constante cambio, conocemos continuamente a gente nueva y al final no somos más que una estación de tren en la que unos bajan y otros se van. Nos hemos acostumbrado tanto a ver cómo la gente se marcha que llega un punto en el que dejamos de esforzarnos por mantenerlas en nuestra vida. Se ha llegado a desvirtualizar tanto el concepto de amistad que llamamos amigo a cualquiera que conozcamos de hace un par de meses. Y no, no luchamos por nada, y menos por la amistad. Tenemos muchos amigos de “quita y pon”, unos para salir de fiesta, otros para ir a la biblioteca, según nos interese. Si surge un conflicto o encontramos algún defecto tiramos la toalla y salimos corriendo a la primera de cambio, si total, ya conoceremos a otra persona. Yo a un amigo no le pregunto qué tal está, porque sé que con una mirada es suficiente, porque sé que cuando quiera me lo va a contar, porque sé que yo haría lo mismo. Pero no nos equivoquemos, no confundamos la confianza con la incondicionalidad. Una flor si no se riega se acaba marchitando. Lo mismo ocurre con la amistad. “Siempre voy a estar ahí” es algo que se dice mucho hoy en día, pero se cumple muy poco. Somos más de iure que de facto, y así nos va. Pero bueno, todo esto al fin y al cabo es solo una opinión. En un concepto tan abstracto y subjetivo no existe una única verdad, así que quizá lo más fácil sea limitarnos a la definición de la RAE.

No hay comentarios:

Publicar un comentario