Se suele decir que cuando éramos pequeños no entendíamos nada. Yo creo que cuando crecemos dejamos de entender.
Cuando era pequeña no comprendía la finalidad de un beso. Mi madre me decía, seguramente para ahorrarme las falsas expectativas, que en mi primer beso no habría música de fondo ni violines tocando, pero que sería igual de especial. Pues la verdad, mi primer beso me supo a Chupa Chups de manzana y esa fue toda la trascendencia que le di, salvo que sabía que eso debía significar algo importante. Tampoco comprendía qué tenía el sexo para que a tanta gente le gustara. Cuando lo hice por primera vez, sí, admito que fue especial y romántico, pero no experimenté ninguna sensación placentera. Y aclaro para los escépticos que no solo fue la primera, ni la segunda, ni la tercera. Aún estoy tratando de acostumbrarme. Algo similar me ocurrió con la cerveza, pero oh, con esto me familiaricé demasiado rápido.
En definitiva, ¿qué quiero decir con todo esto?
A mí me explicaron que lo bonito de un beso, del sexo o de una cerveza no es el hecho en sí, sino el tener la madurez para poder apreciarlo. Sin embargo, con el tiempo he visto que no todo está en la madurez, que hay cosas que nunca se aprenden porque sencillamente no tienen comprensión. Da igual el tiempo que pase. Hay besos que me seguirán sabiendo a nada. Me acostaré con personas que ocuparán el vacío de mi cama, pero no el mío. No me sabrá igual una cerveza si me la tomo con un amigo o sola.
Es curioso cómo una misma cosa puede ser algo tan diferente. No es el qué, sino el cómo. El cómo y el con quién.
Pero qué complicado es todo esto. Juntar el cómo y el con quién adecuados. Todo se vuelve confuso y nos mezclamos entre demasiados quienes y nos fijamos muy poco en el cómo.
¿No era todo más sencillo cuando no sabíamos lo que era?
La curiosidad mató al gato y, efectivamente, murió sabiendo. Pero quizá nosotros ya lo sabíamos todo. Quizá con el tiempo hemos dejado de hacer lo que nos gusta para acostumbrarnos a hacer aquello que se supone que nos debería gustar. Y por eso, para mí, es ahora cuando no entendemos nada.

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