Las personas son complicadas.
Complicadísimas. No es que sea algo personal, solo es que odio las
contradicciones. Reconozco que a veces pierdo los papeles y el juicio, pero lo
que no pierdo es el tiempo, y menos en tratar de convencer a quien no quiere
razonar. O no puede. Que sí, que puedo jugar al azar, a deshojar margaritas y a
mentir una vez sí y otra no, aleatoriamente, como cuando dos que se hieren
fingen que se quieren. Qué irracional y habitual es el hecho de no saber querer
sin herir. Pero todo eso es lo de menos. Lo que ocurre es que existen ciertas
personas, acaso caracterizadas por tener una personalidad aparentemente estoica,
que encuentran de su agrado seguir una tendencia contradictoria. Esa peculiar
necesidad de desear todo aquello que no se tiene hasta tal punto de despreciar
lo que un día anhelaron. Cierta tendencia, al igual que la estupidez y las
arrugas, se va acentuando a medida que pasan los años. Lo más curioso de todo esto es la obcecación
en no aceptar que son sus putas ganas de tenerlo todo lo que hace que siempre les
falte algo. Llamémoslo déficit de serotonina, yo lo veo más una carencia de
madurez. No hablo de no tener nada, sino de tratar de tenerlo todo. Hablo de aquellos
que saben lo que quieren ser sin tener ni la menor idea de quiénes son. Los que
quieren que en las buenas seamos los malos y en las malas, los buenos. Que perdamos
la cabeza cuando ellos se vuelvan cuerdos. Que los viernes sean tristes y los
lunes soleados, y que todo lo que hayas podido saber de ellos tan solo sea el
boceto de un cuadro. Que les odiemos cuando nos quieran y que apaguemos la luz
cuando nuestras dudas se enciendan. Que las cosas sigan siendo igual que las recordaban
cuando no se acuerdan ni de quiénes eran ellos y que nos digamos adiós sin habernos
presentado. Que cuando hablemos de lo mismo no nos digamos nada y que ese
silencio se llene de lo que no les decimos. Que desconfíes de la gente mientras
saborean el caramelo de un desconocido y que les empotres contra la pared
cuanto te pidan un abrazo. Lo que quieren es
que seas más ellos y menos tú. En definitiva, es quererlo todo y a la
vez nada.
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