viernes, 12 de mayo de 2017

Después de todo


No se puede aplazar el sufrimiento. Al menos, no por mucho tiempo. Al final llega ese día en el que añoras un abrazo de alguien que ya no está. Es como el comer o el respirar. Se puede estar un tiempo sin hacerlo, pero siempre llega el momento en el que lo necesitas.
 
Es egoísta, pero hoy le necesito. Y también es pésimo, porque nunca se lo llegué a decir.  Pero lo cierto es que necesito un abrazo suyo, de esos que dicen en silencio que todo saldrá bien. Me pregunto si me habrá olvidado, si de vez en cuando se acordará de mí. Quizás también necesite un abrazo, porque todos tenemos días malos. Me entristece pensar que ya no se los podré alegrar.

Ojalá fuera tan sencillo como que dos personas puedan estar juntas solo por el hecho de quererse.


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