domingo, 22 de junio de 2014

Libres

Nunca he sabido leer entre líneas pero sí entre suspiros. 
Sabía que de la misma manera que no debía acercarme a ella un impulso desconocido me incitaba a cogerla por la cintura, empotrarla contra la pared y robarle un beso. Morder la comisura inferior de esos labios que me susurraban desafiantes ¿qué pierdes?. Cogerle un mechón rubio del pelo, enredarlo entre mis dedos, acariciarle el cuello mientras desciende mi mano por su cuerpo. Hasta abajo, follarla sin tocarnos. También supe leer a través de mis piernas, en esa forma mía de cruzarlas, que estaba reprimiendo el deseo de abrirlas y dejarme vencer por las ganas. Pero no, no era lo adecuado. Quizá, en otro lugar y en otro momento, si nadie nos conociera, las miradas habrían ido más allá de lo hipotético. Si nos aceptáramos lo suficiente como para desnudarnos más allá de nuestros cuerpos y mirarnos la una a la otra sin miedo, sin complejos. Aceptarnos. Querernos. Valorarnos. Le habría hecho el amor como nunca se lo hice a nadie. Pero si el miedo a la verdad nos paraliza, si no queremos darnos cuenta de lo que somos, jamás seremos lo que queremos llegar a ser. Libres.

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