lunes, 11 de diciembre de 2017

A destiempo

Deberíamos aprender a tiempo.

No cuando el daño ya está hecho. Las palabras ya dichas. El examen suspendido. La herida marcada. Las personas dolidas.

Se aprende demasiado a destiempo. Cuando ya ha pasado todo. Cuando ya no nos sirve para nada. Un día, de repente, miras atrás y entiendes el fallo, dónde estuvo el error. Dónde olvidaste la cartera, qué día fue el cumpleaños de tu tía, cuándo deberías haber desconfiado.

Entonces te das cuenta de que nunca hubo un fallo. O se acierta, o se aprende.

Pero pocas veces lo hacemos a tiempo. Y por eso estamos llenos de pequeñas heridas. Algunas abiertas, otras ya cicatrizadas. Y al final todo se traduce en miedo. A ser herido, a abrir nuestro corazón, a exponernos, a ser vulnerables.
Al fin y al cabo, todos estamos hechos de la misma materia. Parece que no nos damos cuenta de que, al final del día, todos somos humanos. Que a veces necesitamos que, entre tanto caos, alguien venga, nos mire a los ojos y nos diga que todo saldrá bien.

Pero miramos desde arriba al resto de la gente como si eso no fuera con nosotros. Autosuficientes, inquebrantables. “Estoy bien. No necesito a nadie. Puedo manejarlo”. Ese empeño en no permitirnos nunca mostrarnos frágiles. Porque es difícil, sí, pero también puede ser increíble dejar que todas nuestras emociones emanen, fluyan, canalicen o desemboquen en otro caudal. Es como una explosión. Es alivio.


Y, a veces, ocurre algo precioso. Puede ser que, casualmente, esas emociones confluyan con las de otros. Y se creen conexiones. Como electrones girando alrededor de un mismo núcleo, a veces apareados, otras desapareados. Se unen, se separan, vuelven a chocar.

Y así nos pasamos la vida.

Creando conexiones, sufriendo, intentando olvidar, equivocándonos, aprendiendo.

Aprendemos sobre la vida, pero también sobre nosotros. Quizás nos empeñamos demasiado en alcanzar la mayor aproximación entre lo que somos y lo que queremos ser, cuando la vida también se trata de descubrirse. De escucharse a uno mismo y aceptarse. Entender nuestros límites, cuáles son nuestros miedos. A medida que vivimos nos creamos, pero también nos descubrimos. Y así aprendemos.


A destiempo.

Imagen relacionada

No hay comentarios:

Publicar un comentario