Deberíamos aprender a tiempo.
No cuando el daño ya está hecho. Las palabras ya dichas. El examen
suspendido. La herida marcada. Las personas dolidas.
Se aprende demasiado a destiempo. Cuando ya ha pasado todo. Cuando ya no
nos sirve para nada. Un día, de repente, miras atrás y entiendes el fallo,
dónde estuvo el error. Dónde olvidaste la cartera, qué día fue el cumpleaños de
tu tía, cuándo deberías haber desconfiado.
Entonces te das cuenta de que nunca hubo un fallo. O se acierta, o se
aprende.
Pero pocas veces lo hacemos a tiempo. Y por eso estamos llenos de pequeñas
heridas. Algunas abiertas, otras ya cicatrizadas. Y al final todo se traduce en
miedo. A ser herido, a abrir nuestro corazón, a exponernos, a ser vulnerables.
Al fin y al cabo, todos estamos hechos de la misma materia. Parece que no
nos damos cuenta de que, al final del día, todos somos humanos. Que a veces
necesitamos que, entre tanto caos, alguien venga, nos mire a los ojos y nos
diga que todo saldrá bien.
Pero miramos desde arriba al resto de la gente como si eso no fuera con
nosotros. Autosuficientes, inquebrantables. “Estoy bien. No necesito a nadie.
Puedo manejarlo”. Ese empeño en no permitirnos nunca mostrarnos frágiles. Porque
es difícil, sí, pero también puede ser increíble dejar que todas nuestras
emociones emanen, fluyan, canalicen o desemboquen en otro caudal. Es como una
explosión. Es alivio.
Y, a veces, ocurre algo precioso. Puede ser que, casualmente, esas
emociones confluyan con las de otros. Y se creen conexiones. Como electrones
girando alrededor de un mismo núcleo, a veces apareados, otras desapareados. Se
unen, se separan, vuelven a chocar.
Y así nos pasamos la vida.
Creando conexiones, sufriendo, intentando olvidar, equivocándonos, aprendiendo.
Aprendemos sobre la vida, pero también sobre nosotros. Quizás nos empeñamos
demasiado en alcanzar la mayor aproximación entre lo que somos y lo que
queremos ser, cuando la vida también se trata de descubrirse. De escucharse a
uno mismo y aceptarse. Entender nuestros límites, cuáles son nuestros miedos. A
medida que vivimos nos creamos, pero también nos descubrimos. Y así aprendemos.
A destiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario