Señores ciudadanos, estamos vacíos. Profundamente huecos. Como dos vasos que se llenan de promesas vacías colmamos nuestros ojos con la visión deteriorada de que en los viejos tiempos todo iba mejor. Desgastamos las palabras que ayer significaban algo más que una noche en una cama ajena, sin besos después del sexo y el desayuno en la cama. Como un marcapasos, bombeando las aceras de la metrópoli a golpe de pasos mecánicos y mesurables, guiados por electrodos, moviendo el corazón de una ciudad que olvidó latir. Insípidos e inexpresivos, expertos en el arte de hablar de todo y no decirnos nada, se pierde la esencia que un día eclosionó la vida. Será que el "nosotros" deja de cobrar sentido cuando va seguido de imperativo. Será que la esperanza no basta con darle cuerda y echar a andar. Quizás, tan solo quizás, el dicho de "ojo por ojo" nos acabó volviendo ciegos y ahora, mientras las promesas realizadas se nos escapan de entre los dedos, dime Dios, si es que existes, ¿quién es el otro que nos va a salvar? No, no hay ningún otro. Una vez más, nos vemos acorralados en este vaivén de autómatas, de hombres de hojalata bajo efectos del Prozac. ¿A esto se le llama vida? Ya no sabemos lo que es sentir, decoramos nuestro semblante con sonrisas inexpresivas y un licor al cuarenta por ciento en cubatas de botellón. Miramos hacia el exterior desde una mirada acostumbrada a verlo todo, hasta tal punto que ya nada nos sorprende, banderas contra granadas en Tierra Santa desde nuestros sofás y locales de alterne. Que da igual si un te quiero es para el marido o el vecino, te prometo hasta la Luna para acostarme contigo, si total, al día siguiente saldrá el Sol y me habré ido. Enfermamos con cualquiera las caricias que un día dedicamos a alguien especial. Nos subimos al barco que nos lleva hacia el atajo, aún sabiendo que así acabaremos hundidos, con la memoria de un pez que vuelve a morder el mismo anzuelo, una y otra vez. Y así, con esa mediocridad y autoconvencimiento, nos creemos las promesas previas a un orgasmo con las que se escriben los periódicos. Lo natural se cambia por lo normal, lo común y lo aceptado, enmarcando ideologías bajo un escaparate de maniquíes macilentos. El aire que nos rodea se acaba intoxicando de mentiras. Mentiras que derivan en un vertedero de hipócritas sin corazón que nos ven desde su bolita de cristal. Desde fuera, se ríen de nosotros, haciéndonos partícipes de un mundo en el que apenas decidimos, que se acaba yendo al traste, dejando pasar oportunidades que, aunque no las escojamos, nos hacen ser lo que hoy somos. Menos que antes, más de lo que llegaremos a ser.
Atentamente: Una ciudadana vacía.

Es lo mejor que has escrito hasta ahora con diferencia. Casi duele al leerlo, las metáforas son... salvajes.
ResponderEliminarOooh muchísimas gracias! La verdad es que me ha quedado algo pesimista, pero quería cambiar un poco de aires y necesitaba plasmar de alguna forma lo que pasa alrededor, que no siempre es de color rosa. Gracias por leerme! ^^
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