Mi problema fue que siempre demandé más de un eclipse de Sol. Poder ver el Sol, oculto tras la Luna, avergonzado, como un drogadicto que se esconde en un baño para esnifar cocaína. Quise ir más allá de lo que no podía ver. Esa imposibilidad, lo inalcanzable que se me presentaba el enigma de lo desconocido, me hizo convertirme en una indígena de la vida. No pertenecía a ninguna civilizavión, no me identificaba con ningún clan. Era un lobo solitario en búsqueda de una sola cosa, la verdad. Esa verdad está, más allá de las estrellas, más lejos de nuestra galaxia, en ningún lugar exacto, tan solo se hace presente en nuestro interior. La búsqueda de lo inalcanzable me creó un vacío en el alma, como cuando se pone el Sol tras una montaña y ésta te impide ver por dónde se esconderá. Me di cuenta de que esa montaña eran mis miedos, y el Sol mis sueños. Vivo a la sombra de una montaña sin poder ver lo que hay detrás, en una espera latente que nunca acaba. Un día me levanté y, sin saber por qué, traté de llenar ese vacío. Sexo, drogas, adicción, dolor, euforia. Ninguna de esas experiencias terrenales llenó el agujero negro que se había instaurado en mi interior. Nada de eso, hasta que llegaste tú.

- Old time´s never come back-, y es que nací para perseguir una esperanza que acaso solo sea una vieja utopía...
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