lunes, 20 de octubre de 2014

Recuerdos



       Cuando era una niña, acaso algo más que ahora, miraba atónita al cielo y observaba boquiabierta aquellas nubes de polvo y gas que flotaban en el firmamento. Mi ávida curiosidad y las ganas de conocer el mundo me hicieron preguntarle un día a mi padre: ¿Cómo se forman las estrellas? Él me miró con su habitual gesto de complacencia, quizá menos marcado que ahora por el paso de los años.  Ese gesto que aún hoy se dibuja en su cara cada vez que le pregunto por algo que no sé, o que finjo no saber. Su costumbre siempre fue presentarme el mundo ante mis ojos, mi ambición siempre será ver el mundo con los suyos. Lo que para mí era un halo de oscuridad e incertidumbre él me lo disfrazaba de esperanza. Aún mantengo esta conversación con él en mi cabeza.

“Ocurre que, por fortuna del extraño azar, un destello, una ineludible reacción química desencadenada por una supernova o una colisión galáctica, la materia que compone las nubes de polvo y gas se atrae y se arremolina en una esfera de plasma hasta que, finalmente, arde. Esta masa va haciéndose cada vez más y más grande, atrayendo hacia su núcleo todo lo que hay alrededor. Toda esa vorágine incandescente sigue aumentando su temperatura, hasta que se vuelve ignífuga. Y así es como nace una estrella.”


Desde aquel día mi mayor sueño fue ver nacer una estrella. No obstante, a medida que he ido conociendo el mundo me he dado cuenta, no sin cierta desazón, de cómo mis preguntas no han encontrado más respuesta que otras nuevas. Tratar de comprender el mundo, aparte de volvernos locos, nos hace vislumbrar lo grande que puede llegar a ser. El conocer conlleva darse cuenta de la amplitud de lo desconocido. La dimensión de este proceso es tan inmensa que sobrepasa la capacidad de comprensión del ser humano, mucho más inalcanzable de lo que somos capaces de llegar a imaginar. Sin embargo, aquel día, a mi manera de ver el mundo a esa edad, encontré la respuesta que buscaba. Las personas son como las estrellas, no hay ninguna igual, cada una brilla con luz propia. Esta luz puede ser de diversas magnitudes, desde una milésima parte hasta cien veces más la luz del Sol. No tenemos ni puta idea de cuándo dejará de brillar, tan solo sabemos que un día lo hará. Puede que estemos aquí, puede que no. Puede que ya hayamos visto morir a varias en cada pérdida a lo largo de nuestras vidas. Lo único que sé es que cada una de ellas es irreemplazable, pues nos deja una marca que jamás se borrará de nuestras huellas dactilares. Por extraño que parezca, a veces este recuerdo me colma de paz.

2 comentarios:

  1. Habia un pequeño barquito que iba navegando en una noche con viento en calma, y los cielos despejados. Podia ver todo el firmamento con tranquilidad, no habia nada que alteras esa serenidad. Siquiera las gaviotas volaban a tantos kilometros de las costa, y menos de noche.Claro está que el barquito no se movia, no tenia aire con el que desplazarse, asi que solo podia mirar las estrellas, y pensar.

    El barquito pensaba, y pensaba. Cosas y cosas se agolpaban en su cabecita y no sabia por qué, no podia adivinarlo, y como no podía, decidió leer las estrellas, para que arrojasen algo de luz a sus pensamientos y le guiasen un poco. Veia muchas estrellas, de distintos tamaños y distintas luces, unas aqui, otras allá, otras no se sabe ni donde.

    ¿De que servía leer tantos puntitos si no sabia que significaban? Bueno, pensaba él, lo que vemos es la historia de la estrellita que llega a nuestros dias mucho tiempo después. La historia que hay escrita en el cielo es del pasado, de hace mucho, mucho, mucho tiempo, pero que sucedió en algún momento de la vida.

    Pobre barquito, no podia leer las estrellas que brillan hoy para guiarse por que las del pasado las tapaban. Que ironico. Ahí estaba él solo, sin nadie ni nada a su alrededor, viendo las estrellas de su pasado. Dicen que cuando muere alguien, una nueva estrella nace en el firmamento para guiar a los perdidos en esta vida. Y ahí estaba nuestro barquito, perdido en la mar. ¿Qué estrella iluminaría para él? ¿Quien le guiaría esta vez? A lo largo del tiempo y de la vida conoció a mucha gente, muchas personas pasaron por su vida, pero todas ellas desaparecieron. ¿Será que el barquito tiene mas de una estrella para él?

    El tiempo pasa, y muchas estrellas van por la vida, cada una de ellas es irremplazable con su marca. Todas ellas se reflejan en el casco del barquito, pero acaban pasando de largo. Y aqui está, solito en alta mar, quietecito.

    Fugazmente una preguntá apareció en su cabeza....De tantas estrellas que hay.... ¿Cual es la mía?¿Existe alguna con mi historia? La historia de mi vida, que nace y muere en el firmamento... y en mi corazón.

    Si, ya la veo, ahí está, esa dorada estrella fugaz era la mía....

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  2. Es precioso, barquito :) Que la inspiración nos inspire.

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