sábado, 1 de noviembre de 2014

Lluvia de verano

Quizá fue necesario que nos llegara el adiós antes de la despedida. Tal vez nos ayudó que las palabras aterrizaran en la razón antes de que nuestras ilusiones empezaran a despegar. Ahora ya solo queda silencio. Ya lo dicen los meteorólogos, tras épocas de lluvia siempre llega la sequía y, por si fuera poco, ni siquiera nos llegamos a mojar. Acaso fue el miedo, la indecisión o la costumbre de las malas experiencias lo que nos hizo conocernos y desconocernos casi al mismo tiempo, pero lo suficiente. Lo suficiente como para saber que se había acabado lo que ni siquiera comenzó. Algo efímero e intenso, que se va igual que llega, como esos amores de verano o las estrellas fugaces del cielo. Quizá fue mejor así. Es más fácil que decir adiós.

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