Él- ¿Puedo pedirte una cosa?
Ella- Claro.
Él- Piensa en mí.
Decidí mirar atrás nada más que un momento, echar un pequeño vistazo premeditado, como si fuera fácil dejar de fisgar en el pasado. Acabé enfrascada entre los recuerdos durante horas. Inmersa entre las páginas inundadas de colores, sensaciones e imágenes. Sentimientos ya enterrados emanaban de mi mente deslizándose suavemente y posándose sobre mi hombro con la sutileza de una mariposa. Lo más doloroso es que no hay ni un solo día de cada página en el que no aparezca su nombre. El sabor a manzana del primer beso. La ilusión con la que esperaba a que apareciera en mi portal. La decepción de cuando no llegaba y dejar que pasaran las horas muertas. Las hojas de otoño. Los primeros ocho meses y su frustrante poca memoria para recordarlo. Mentiras, decepciones, discusiones. Las reconciliaciones. Crecer juntos y, poco a poco, madurar. Me hice fuerte junto a él a cada paso que dimos durante cuatro años, pero nadie me enseñó a vivir sin él. Quizá nunca pensé que fuera necesario hacerlo.
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