Se detiene ante el reloj a mirar cómo pasa el tiempo. El que se nos escapa, el que nos hace correr o desear que todo vaya más lento, el que nos hace vivir el presente o nos aleja del pasado. Camina por los rincones de su casa buscando aquellos besos que tanto añora, deseando que pudieran quemarse con la llama de una vela y convertirse en ceniza que acabe barriendo a golpe de rabia, aunque en su recuerdo resulten ignífugos. Se demora ante el espejo para observar su silueta, extraña y desfigurada. Ésta le devuelve una sonrisa burlona y le ofrece una mano invitándola a traspasar el cristal. Abre el grifo de la bañera poniendo el agua caliente hasta que se forma el vaho y dibuja mariposas en el espejo como aquellas que una vez sentía en el estómago. Verte el champú bañando la estancia de burbujas de colores y se entretiene soplándolas haciéndolas ligeras y libres como el cuerpo de una bailarina. Abre el quita-esmaltes humedeciendo una uña sí y la otra no, intermitente, tal y como lo era él, hoy te quiero, hoy no, deshojando margaritas. Se quita la ropa y camina desnuda por la casa y enciende la radio. "The blower's doughter" inunda la estancia y, entonces, el mundo le resulta menos anodino y baila abrazada a un recuerdo. "The shorter story. No love, no glory, no hero in her sky". Una vez alguien le dijo que era imposible estar triste si bailabas con los brazos hacia arriba y sobre una sola pierna. Se mueve al son de las olas y la brisa, aferrada a esa alusión que se desvanece con el ritmo del compás, y enciende la calefacción para alejarse de un invierno que poco a poco le va marchitando. Se siente actriz imaginándose ante un público e interpreta un personaje ficticio, lo cual, tiempo atrás, le habría parecido divertido y ahora solo es una escapatoria para huir de ella misma. Baila hacia la nevera y abre el Lambrusco de ocasiones especiales. Más recuerdos, esta vez una persona diferente y una medio sonrisa se dibuja en la comisura de sus labios. Saborea el vino y el momento. Se concede un día sedentario, baja la persiana y enciende una linterna buscando tesoros llenos de sueños tirados, secretos ocultos o amores ignorados. Entonces desearía que existiera un lugar de corazones rotos perdidos para poder llevar todos esos amores malgastados que alguien olvidó en un bar. Coge un periódico y recorta palabras sueltas formando frases, sabiendo que no es más que otra soñadora que construye un nuevo mundo a partir de un boletín, pero eso le hace feliz. Descuelga el teléfono y permanece escuchando el silencio interrumpido por un pitido sordo para así recordar cómo eran sus discusiones pero, sobretodo, las reconciliaciones. Amontona una pila de CD's, libros y objetos varios en el fondo de una caja de cartón cuyo próximo destino se debate entre el trastero y un cubo de basura. Opta por dejarla ahí, quieta e impasible y la mira con recelo y desasosiego desde una distancia prudente por si los objetos cobran vida y salta algún recuerdo encerrado entre una página, terminando con lo poquito que queda de ella y de su mundo imaginario hecho de papel. Enciende la cafetera en la que quedan suspiros amargos que endulza con azúcar y rabia y mezcla con lágrimas saladas. De su armario caen arco iris de agonía y montones de esperanza por si decide aparecer. Se sienta en el alféizar de la ventana y enciende un cigarrillo fumándose el corazón, que ya solo cuelga de un alambre. Mira hacia el exterior observando a las personas que caminan despreocupadas por la calle y se pregunta si serán felices o si, simplemente, cerrarán los ojos para no ver. Y con esta indecisión advierte el sonido de un llanto procedente de una niña y se percata de que llorar es un instinto natural a pesar de que se prometiera no volver a hacerlo. Y poco a poco va cerrando los ojos a la vez que se va consumiendo el cigarro y mientras va susurrando palabras sueltas de un periódico que dejó de intentar construir para dar forma a su insignificante vida. En su realidad, el mundo se sitúa tras un cristal. Decidió dejar de mirar a través de él y quedarse en su pequeña burbuja. No es el fin del mundo, se repite a sí misma, tras lo cual se sume en un profundo sueño.

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