lunes, 23 de enero de 2012

Hakuna Matata

Al tirar una pelota contra el suelo ésta se deforma y, al volver a subir, recupera su estructura original. El ser humano es como esa pelota. Es capaz de retomar su camino y adaptarse a las circunstancias de la vida. Sin embargo, el hombre es el único animal con capacidad de sufrir y padecer lo que piensa igual que si le estuviese sucediendo, haciéndole más frágil y vulnerable. Lo que nos obstaculiza el camino, en muchos casos, somos nosotros mismos. Tendemos a problematizarnos, a hacer de los pequeños problemas una inmensa montaña de arena. La pregunta es, ¿merece la pena? 
Cuentan la historia de dos africanos que montaban en jeep por la ínsula de Madagascar. Habían pasado toda la mañana recorriendo el océano Índico en busca de pescado a fin de provisionarse de alimentos para la venidera época de inverno y alimentar a su familia. Iban a mitad de camino cuando, de pronto, se les pinchó una rueda. Tranquilamente, uno de los dos se bajó del jeep y, al percatarse de lo sucedido, miró a su otro compañero y le dijo sonriendo: Hakuna Matata. (Traducción del swahili: "No te angusties"). Su colega alzó los hombros a modo de resignación, sacó el pescado y se sentaron en medio del camino mientras lo engullían. Entre risas y cantos pasaron la tarde. Pronto llegaron otros amigos en jeep y les ayudaron a reponer la rueda pinchada. Todos regresaron con sus respectivas familias antes de que anocheciera.
"Hakuna Matata" dicen los africanos. ¿Qué habría dicho un ciudadano en medio de la M-30? 
Vive y sé feliz, vive y deja vivir. Ningún problema debe hacerte sufrir. Lo más fácil es saber decir: Hakuna Matata. El dolor es inevitable, el sufrimiento, opcional.


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