Cuentan la historia de dos africanos que montaban en jeep por la ínsula de Madagascar. Habían pasado toda la mañana recorriendo el océano Índico en busca de pescado a fin de provisionarse de alimentos para la venidera época de inverno y alimentar a su familia. Iban a mitad de camino cuando, de pronto, se les pinchó una rueda. Tranquilamente, uno de los dos se bajó del jeep y, al percatarse de lo sucedido, miró a su otro compañero y le dijo sonriendo: Hakuna Matata. (Traducción del swahili: "No te angusties"). Su colega alzó los hombros a modo de resignación, sacó el pescado y se sentaron en medio del camino mientras lo engullían. Entre risas y cantos pasaron la tarde. Pronto llegaron otros amigos en jeep y les ayudaron a reponer la rueda pinchada. Todos regresaron con sus respectivas familias antes de que anocheciera.
"Hakuna Matata" dicen los africanos. ¿Qué habría dicho un ciudadano en medio de la M-30?
Vive y sé feliz, vive y deja vivir. Ningún problema debe hacerte sufrir. Lo más fácil es saber decir: Hakuna Matata. El dolor es inevitable, el sufrimiento, opcional.

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