Te niego y me reafirmo, te
discuto y me reencuentro. Te rebato, te pongo en duda, te refuto y me resisto, te
argumento con mil razones más allá de las palabras, y con eso me confirmo y me
veo a mí misma como nunca antes me había visto. Segura. Confiada. Completa. Pisando
fuerte a cada paso. Me miro al espejo y sonrío. Ya no veo a esa chica
asustadiza con dos coletas a la que le temblaba la voz cuando hablaba en
público. Tampoco encuentro esa necesidad absurda por ocultar lo evidente, lo humillante
o lo incomprensible. Ser infantil
debería acompañarnos durante toda la vida. Que por llevar traje y corbata, un
Mercedes y guardar una falsa compostura no hemos crecido. Yo prefiero seguir saltando
los charcos y soplar dientes de león mientras pido un deseo. Que el ser viejos
no nos impida seguir soñando. Ahora sueño más que nunca y camino fuerte, canto
y bebo, me reafirmo y te niego. Nos miro y, aunque no te vea, me reconozco, me
miro y pienso: ¿Dónde has estado todo este tiempo?. Dejé el miedo escondido
entre la cordura y la vergüenza, ya no me importa, no ahora. Decir lo que pienso,
gritar lo que callo, sentirme libre a cada paso. Me reafirmo a cada palabra que
defiendo, a cada razón que argumento, a cada momento en el que me quiero. Ya lo
decía una canción, si tú no te quieres, ¿quién te va a querer a ti? Porque esta
vez no me permito caer, para que levantarse no sea obligación, sino una mera
opción.

No hay comentarios:
Publicar un comentario