viernes, 21 de noviembre de 2014

Mi primera combustión


Olvidarte fue como tender mi ropa debajo de la lluvia para que se secase. Absurdo. Un día dejó de llover, y dejaste de dolerme. El tiempo seca más la ropa que el viento, pero no se lleva las cenizas que nos incendiaron y, aunque la ropa estaba seca, al volver a verte se me calaron hasta los huesos.

“El pasado es una chica a la que no hay que desvestir”, y los dos nos desvestimos sin ni siquiera quitarnos la ropa, dos años después. Ahí, en mi habitación, junto a la cortina de colores con la que siempre jugabas, abrazados, llorando. Todas esas lágrimas nacían de una pregunta aparentemente insulsa y a la vez tan llena de significado: ¿Cómo estás? Porque solo nosotros sabíamos lo que significaba esa pregunta. Sabes que aunque me haga la loca, la primera respuesta nunca es verdad.

A veces sigo manteniendo conversaciones contigo en mi cabeza. Yo te cuento mis delirios mientras tú me miras con cara de reprobación. Otras veces mantenemos discusiones, yo me enfado y te grito, te pido explicaciones, y tú callas como siempre hacías, pasivo-agresivo. Algunas noches cuando bebo más de la cuenta y voy sentada en el búho se me inclina sola la cabeza, como si tu hombro estuviera a mi lado. Vuelvo a la realidad cuando el señor que no eres tú me mira extrañado. Cuando saco un cigarro noto tu mirada de reproche y se me escapa una sonrisa. Al final suspiras y no dices nada. Hay mañanas en las que me despierto en otras camas y se me aparece en mi mente tu cara con expresión de no reconocerme. También hay momentos de alegría en los que pienso: “Esto se lo tengo que contar”, y otros de tristeza en los que mi cuerpo me pide sentir de nuevo tus abrazos. Hay tantas cosas que me gustaría contarte. Cosas de las que solo nosotros nos reiríamos como lo hacíamos, silencios que con nadie más serían cómodos. No te equivoques, no es que te eche de menos. Es que mi cuerpo no solo tiene carne y huesos. También necesita energía para vivir. A veces pienso que mi cuerpo es inherente a ti. Al fin y al cabo, creció contigo.

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